Juan se levanta e inicia su rutina cotidiana...Cuando se conecta a la red ya no entra a Facebook, ni a twitter, ni a messenger, o cualquier otras salas de chat...Ya no publica nada en el muro...ni tiene que escribir nada en el muro...ni se entera de lo que hizo Julia en la fiesta de ayer, ni de cómo se veía él en las fotos que se le tomaron y que se publicaron en su perfil ( lo cual sería bochornoso), ni intercambiaría información con personas que estén conectadas a la Red...se despierta y se da cuenta de que era un sueño.
Juan se pone a analizar y dice. ¿Cómo me comunicaría con aquellos que estén a miles de kilómetros (a los perezoso, metros)? ¿Por celular?, No, es un poco caro ¿Por carta? Que tal sea importante, el tiempo no le favorece...llega a la conclusión de que si no existieran las redes sociales ya no podría enviar mensajes en bits o no habrían adictos a él...utilizaría más el lenguaje coloquial y diría gracias a Dios que solo era un sueño!!!...Creo que tengo una solicitud de amistad
Conclusión: las redes son tan efectivas como el lenguaje coloquial, lo importante es como se entiende el mensaje, no como se trasmite. Si alguien es adicto a Facebook no es culpa de la red, sino del usuario que no la sabe utilizar.